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¡Quiero que seas Bendecido!


“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”, 3ª Juan 2


La perfecta voluntad de Dios para nosotros es la prosperidad, que seamos bendecidos en todo. Esto incluye el área física (salud), el área espiritual (madurez, crecimiento) y el área económica (finanzas). Veamos a detalle lo que esto significa:

1- Salud Física: Pablo nos dice en 1ª Cor. 6:20 que Cristo YA compró la salud para nosotros. Cuando estamos enfermos, no tenemos deseos de servir a Dios. en ocasiones, el enemigo nos hace creer en síntomas de enfermedad para evitar que le creamos a Dios, pero es ahí cuando nosotros debemos creer la Palabra y NO al síntoma. Isaías 53 dice que “por sus llagas fuimos nosotros curados”; notemos que dice fuimos y no, seremos. Éxodo 15:26 encontramos la promesa de sanidad más antigua de la Biblia; si nos mantenemos dentro de la Palabra de Dios, Él nos tiene cercados (Job 1). La mujer sirofenicia no tenía derecho a la sanidad porque no era hija, pero por su fe la recibió. La sanidad es pan para los hijos. Tenemos derecho a ella, no nos conformemos con migajas.

2- Salud Espiritual: tiene que ver con la salud interior, del alma. Nuestro hombre interior necesita ser alimentado aun más que el exterior, con oración, ayuno, tiempo devocional. Debemos cuidar nuestro tiempo devocional; vivir sin orar nos convierte en religiosos. En el libro de los Hecho vemos a Pedro que se reunía en el templo a la hora de la oración. La oración es fuente de vida. Si dejamos de comer nos debilitamos; lo mismo pasa en lo espiritual.

3- Salud Financiera: debemos tener cuidado con el manejo de nuestras finanzas. Una de las prioridades debe ser dar nuestro diezmo, después suplir las necesidades en el hogar y el resto depositarlo en el banco del cielo. Recordémosle al Señor sus promesas en Marcos 10:28 y 29. Se necesitan las finanzas para extender el reino de los cielos. Si damos para la obra de Dios, siempre estaremos en prosperidad y en bendición. Recordemos a la viuda que dio TODO lo que tenía, mientras otros daban de lo que les sobraba. El enemigo también quiere controlar nuestra cartera con la finalidad de estancar la obra de Dios.


Cuando Jesucristo murió en la cruz lo dio TODO por nosotros: toda su sangre, toda su vida. Lo mejor de Dios nos fue dado: Cristo. Nuestro reto es mantenernos sanos, maduros y prósperos.

¡DEMOS TODO POR CRISTO!