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«Renovando nuestro compromiso con Dios» (2)

“Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí esta piedra nos servirá de testigo, porque ella ha oído todas las palabras que Jehová nos ha hablado; será, pues, testigo contra vosotros, para que no mintáis contra vuestro Dios”, Jos. 24:27



Ser cristiano es un compromiso, PERO, con el paso del tiempo, se nos olvidan los compromisos. La ley del universo dice que todo tiende a descomponerse con el tiempo y con los compromisos pasa igual: si no se reafirman, se acaban. Por lo tanto, necesitamos renovar o avivar el compromiso.

Avivarnos = una metáfora griega de convertir las ascuas dormidas en llamas (cualquier materia sólida y combustible que por la acción del fuego se pone incandescente y sin llama), de refrescar un fuego que está por apagarse o de mantener el fuego en su condición óptima (2ª Tim. 1:6).

El cristiano que no se aviva se muere con el tiempo, ya que se nos olvidan nuestros compromisos y en su lugar quedan intereses creados, comodidad y sueño. Es un suceso natural. No hay que tomar ninguna decisión para que suceda.

Jesucristo renovó el compromiso de Pedro con la pregunta: “¿Me amas?”. Al decir Pedro que sí, Cristo le pidió una prueba: “pastorea mis ovejas”. El Señor mide nuestro compromiso por lo que hacemos.

¿Eres un cristiano mediocre que haces lo menos posible? ¿Sólo buscas que nadie te critique? Si con asistir una vez por semana a la iglesia nadie te dice nada, ¿piensas que tal vez se puede asistir una semana sí y otra no? Es problema de compromiso. Cualquier excusa sirve para faltar a tu compromiso.

Si no estamos usando los talentos que el Señor nos dio para servir en su reino, sino que los hemos enterrado, no estamos comprometidos. Cuando Pablo iba a Damasco y vio la luz, nació en su corazón un compromiso. Su vida se resume en la pregunta que le hizo al Señor: “Señor, ¿Qué quieres que yo haga?” (Hech. 9:6). Si cada día cuando nos levantemos no nos hacemos esta pregunta, NO hay compromiso.

Me agrada mucho la historia de Nehemías (Neh. 9:38), puesto que fue un hombre que llevó a todo un pueblo a hacer un compromiso escrito y firmado. El pueblo se había apartado de Dios y estaba sufriendo las consecuencias de su pecado; pero luego de escuchar la Palabra de Dios, estaban ansiosos por volver a Dios, derramaron sus almas delante de Él, verbalmente declararon su arrepentimiento y en un documento escrito plasmaron su compromiso (Neh. 10:29 – 39), pues afirmaron que:

1- Guardarían la Palabra de Dios

2- No se mezclarían más con otros pueblos

3- Respetarían el día de reposo

4- Cumplirían con todas sus obligaciones tributarias al templo

5- No descuidarían la casa de Dios

Continuará…